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DESNUDANDO LA MÚSICA: Belle & Sebastian, el escape del sufrimiento

Estamos de enhorabuena. La fascinante banda escocesa Belle & Sebastian ha vuelto con nuevo disco. Se trata de una trilogía de EPs aglutinados bajo el título How to solve our human problems (propósito liviano el de estos chicos). Nos lo han ido adelantando desde el 8 de diciembre, día en el que nos ofrecieron la primera píldora en forma de cuatro canciones; el 19 de enero pudimos degustar la segunda parte y ansiosos estamos ante el colofón el próximo 16 de febrero. Un momento y excusa tan buenos como otro cualquiera para hacer un recorrido por lo más humano y profano de esta atípica y adorada formación.

Y decimos atípica porque con Stuart Murdoch como alma mater no podía ser de otra forma. Un talentoso músico marcado por sus graves problemas de salud, que en lugar de disfrutar del lujo que le permite su profesión ha preferido vivir durante años en una parroquia de cuyo mantenimiento se encargaba, que sigue cantando todos los domingos en el coro de su iglesia (y cuya profesión alternativa sería la de predicador) y admite tener que soportar  la maldición de no poder probar el whisky siendo escocés…

Los inicios se remontan a finales de 1995. Murdoch, proveniente de una localidad en el fiordo de Clyde y con conocimientos de piano, no por vocación, sino por imposición paterna, se traslada a Glasgow para sus estudios universitarios. No puede acabarlos. Le diagnostican encefalomielitis miálgica, o lo que es lo mismo, fatiga crónica. Durante siete años es incapaz de estudiar, uno de los síntomas de la enfermedad, y vuelve a casa de sus padres. Allí, en un aislamiento y soledad absolutas, su único consuelo es, cuando su cuerpo se lo permite, levantarse de la cama y encaminarse hasta el piano para componer canciones. Como él mismo relata, fue la música (y Dios) quienes le salvaron de caer en las garras de la depresión. Después de tres años de inmovilidad total, comienza a recuperarse un tanto. Se traslada de nuevo a Glasgow y comienza un programa social llamado proyecto Beat Box para jóvenes músicos desempleados. Allí conoce a Stuart David (futuro bajista)  y comienza gestarse el germen de Belle & Sebastian, cuyo título se debe a un famoso libro infantil francés. Como la novelista se niega a ceder los derechos, avispados, se lo piden a los japoneses que habían realizado los dibujos animados, quienes son muchos mas entusiastas con el permiso (especialmente al escuchar el tema She’s losing it).

Durante la búsqueda del grupo que necesitan reclutan a Isobel Campbell (vocalista y violonchelo), Richard Colburn (batería), Chris Gedder (teclista) y Steve Jackson (guitarra). En 1996 sale a la luz una edición con solo 1000 copias de Tigermilk, a través de Electric Honey, la discográfica ligada a la escuela de música Stow College. Lo que iba a ser un proyecto amateur se convierte en un éxito para el que no están preparados. En él ya derrochaban la dulzura con el contrapunto de melancolía marca de la casa durante toda su trayectoria. Aparte de la ya nombrada anteriormente, destaca la que abre el álbum, The state I am in o I could be dreaming. Como curiosidad, su nueva casa de discos lo reeditó años más tarde y sus fans pagaron cantidades desorbitadas por hacerse con este objeto de culto.

El boca a boca dio lugar a una horda de seguidores inesperada y diversas casas discográficas que se disputan la paternidad de su siguiente álbum. La custodia del vástago se la adjudica Jeepster Records y ese mismo año veía la luz If you’re feeling sinister, probablemente el mejor de su carrera. A la formación primigenia se añadió la violinista Sarah Martin y el trompetista Mick Cooke. El resultado no pudo ser más acertado. Un pop cristalino con una manufactura barroca, armonías vocales sobresalientes, con el inevitable protagonismo de los coros de Campbel, y la importancia de la sección de viento, gracias al debutante Cook. Por nombrar algunos temas (aunque incluiríamos todos), Like Dylan in the movies, Seeing other people, The fox in the snow o Get me away from here, I’m dying. Diversos medios especializados han situado el álbum entre los mejores de la década de los ’90.

De igual modo se situó entre los mejores discos de 1998 su siguiente trabajo, The boy with the arab strap, por el que fueron reconocidos como mejor banda revelación en los Brit Awards, y el que siguió, Fold your hands child, you walk like a peasant (1999), primero de toda su carrera que consigue un hueco en el top 10 de las listas británicas.

A diferencia de otros genios atormentados por sus propias tragedias, Murdoch no canaliza sus vivencias de soledad y dolor en un mundo oscuro y una vida de autodestrucción y flagelación. Para él, la música es una vía de escape del dolor; por ello la concibe, sin caer en la pretenciosidad, como una oportunidad de ofrecer a los demás sensaciones de bienestar. En su imaginario, los libros de C.S. Lewis, que en la infancia le hicieron experimentar lo más parecido a la espiritualidad. También la nouvelle vague francesa aplicada a la música, al frente de la cuál sitúa a su adorado Truffaut.

Esta admiración y sus técnicas intenta plasmarlas y así realizar un homenaje, en God help the girl (2009). Inicialmente fue un proyecto en el que Belle & Sebastian eran el acompañamiento musical de una serie de vocalistas femeninas, al mando de las cuáles se encontraba la voz impresionante (qué talento tiene Murdoch a la hora de fichar timbres femeninos) de Catherine Ireton. El único vocalista masculino, aparte de Murdoch, es otra de nuestras debilidades, Neil Hannon, frontman de la banda The Divine Comedy. El resultado fue un disco con unos temas que no puedes apartarlos de la cabeza, como el homónimo al álbum, Musicians, please take heed o Perfection as a hipster.

La cabecita de Murdoch siguió bullendo, negándose a que languideciera ahí su proyecto. Como amante del séptimo arte, decidió realizar una campaña de crowfunding para financiar una película que llevara a la gran pantalla el álbum. Los seguidores respondieron y en 2014 se estrenaba el músical God help de girl, con guion, dirección y banda sonora a cargo de Murdoch y con Emily Browning en el papel protagonista. Aunque tuvo críticas dispares, fueron mayoría los que la alabaron, obteniendo en el Festival de Sundance el premio especial del Jurado al mejor reparto.

No todos fueron buenos momentos en la banda. Las fricciones en la relación amorosa entre Murdoch y Campbell pasaron factura, así como la forma de plantearse el grupo. En 2002, tras la grabación de la banda sonora del film Storytelling del mismo año, se marcha Campbell; dos años antes lo había hecho otro de los fundadores, Stuart David. Teóricamente para desarrollar proyectos en solitario, aunque en una entrevista que concedía Chris Geddes en 2013, admitía que probablemente habrían pesado más los  motivos personales. Tras este segundo abandono se produce un momento de inflexión; los miembros que quedaban decidieron reflexionar sobre lo que estaban haciendo mal y centrarse en disfrutar más de la música en sí. Cambiaron de manager y comenzó una etapa nueva, en la que todos coinciden, además de echar de menos a los ausentes, en que se encuentran navegando por una fase de placidez muy distinta a la del principio, en la que se mostraban huraños con la prensa, la que creo ese halo de misterio, que en parte les convirtió en grupo de culto.

En la etapa post Campbell-David, firman con la discográfica Rough Trade, con la que lanzan tres álbumes hasta que fichan por Matador Records en 2015, con los que siguen hasta la actualidad. Con Rought Trade queremos destacar The life pursuit (2006), que contiene temas tan deliciosos como Another sunny day, Act of the apostle o Funny little frog. Por cierto, es hasta ahora el LP que más copias ha vendido.

De esa época da buena cuenta en una especie de diario publicado bajo el nombre El café celestial, en el que narra las vivencias de la banda esos años, además de temas tan variados como la religión, el fútbol o la literatura.

Hasta su última propuesta discográfica, lo último que habíamos paladeado se remonta a 2015, bajo el título de Girls in peacetime want to dance. De él hablamos en su día, y ocupó nuestra canción de la semana Nobody’s empire, un personalísimo tema en el que describe el infierno vivido por su enfermedad crónica.

Tendremos que esperar hasta el viernes para conocer los últimos temas de How to solve our human problems, puesto que no hemos hallado adelanto a día de hoy. Seleccionamos, pues, una composición de la segunda entrega, The same star.  Con ella les dejamos, acompañada de una frase de Murdoch: hagas lo que hagas, nunca deberías hacer lo que es lógico, sino lo que está en tu corazón. Disfruten.

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Concha Gallén

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