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DESNUDANDO LA MÚSICA: Joy Division, del abismo a la eternidad

El 18 de mayo de 1980 un joven de 23 años se acercó a su casa de la calle Barton, en Macclesfield (Inglaterra), que hasta hacía poco tiempo compartía con su mujer y su hijo. Vio su película favorita y escuchó a Iggy Pop. Después, cogió una cuerda de tender y se ahorcó con ella. Terminó su existencia y comenzó uno de los mitos de la historia de la música, el de Ian Curtis y su banda Joy Division, una de las más oscuras dentro del panorama británico (y mundial), cuatro jóvenes que con tan solo 23 años lograron virar la orientación de la música. Nuestro reconocimiento se lo rendimos hoy en forma de artículo, teniendo en cuenta que el sábado pasado su vocalista hubiera cumplido 61 años.

La banda se forma en Manchester en plena era punk, 1976, tras un concierto de Pink Floyd al que acuden tres amigos, Bernard Albrecht (posteriomente Summer, guitarra y teclado), Peter Hook (bajista) y Terry Mason, que pronto pasará de batería a manager, quedándose al mando de las baquetas, tras varios y turbulentos cambios Stephen Morris y como vocalista, respondiendo a un anuncio, Ian Curtis. También se sucedieron las permutaciones de denominacion de la banda hasta dar con la definitiva, el terrible nombre con el que denominaban los nazis a los batallones en los que obligaban a mujeres judías a prostituirse, teóricamente para aumentar el rendimiento de los prisioneros, en la práctica, para satisfacción de los opresores.

Al tiempo que se producen intentos fallidos de lanzar primer disco y sustitución de manager, comienzan a ser conocidos por sus actuaciones en directo. El 3 de junio de 1978 lanzan su primer EP, An ideal for living, reeditado cuatro meses más tarde. Al año siguiente ya consiguen ser teloneros de The Cure y en junio, por fin, ve la luz su primer (y penúltimo, snif) disco, Unknown Pleasures (1979). En el caso de Curtis, el primero y último en vida. El éxito fue meteórico, agotándose la tirada rapidamente. Las discográficas mueren por tenerles en plantillas, pero ellos deciden seguir fieles a Factory, rechazando incluso contratos millonarios por distribuir sus discos en Estados Unidos. No les importaba tanto el dinero como controlar su trabajo.

Considerado por la revista Rolling Stone como el 20º mejor de todos los tiempos, Unknown Pleasures era original hasta en la portada, que representaba las señales del primer púlsar registrado por la ciencia. La contraportada sustituía por una tabla en blanco el lugar donde deberían aparecer las canciones. Y en cuanto al disco en sí es considerado la piedra angular del llamado post-punk, con una temática depresiva-filosófica-existencial.

Comenzaba con Disorder, un tema compuesto por el cuarteto al completo. Le seguían otras perlas como She’s lost control, una composición de Curtis, impresionado por un capítulo que vivió en primera persona ante un ataque epiléptico de una joven por la que se preocupó posteriormente, enterándose de su fallecimiento. Aterrado compuso el tema, viendo el reflejo de su propio mal, algo que, según la biografía de su viuda, nunca fue capaz de digerir; Shadowplay es otro de los temas en los que muchos seguidores ven pistas del camino de migas que Curtis supuestamente fue dejando hasta su suicidio;  New Dawn Fades, cuyos sonidos han inspirado a multitud de bandas, o Interzone, inspirada en un texto de Burroughs, el literato a quien Curtis decía que le debía todo.

El auge de la banda supuso el ocaso personal para Curtis. Aparte de coincidir con el diagnóstico de su enfermedad, comenzaron sus problemas matrimoniales, su abuso de drogas, su pronta paternidad que no supo afrontar y su affaire con la periodista belga Annik Honoré  unido a un sentimiento de culpa por su infidelidad.

Mucho se ha hablado del Curtis taciturno, atormentado y solitario. Cierto es que era adicto a los medicamentos paliativos de una epilepsia diagnosticada durante el embarazo de su mujer y que provocó que, entre otras cosas, su banda actuara sin focos y que tres días antes de su suicidio sufriera una sobredosis. También padecía problemas depresivos, algo que sus compañeros de banda insisten en que comenzaron con la medicación que tomaba para evitar los ataques. Pero el mito y la leyenda de su muerte  han ido cimentado una imagen de chico torturado y aislado  que poco tenia que ver con la realidad. Los que le conocieron le definen como tremendamente vivo y enérgico.

Buen estudiante, aunque sin aspavientos, comenzó a trabajar como asistente social en lo que, traducido a nuestra sociedad sería un puesto de funcionario, alternándolo con sus labores como dependiente en una tienda de discos (al más puro estilo de John Cusack en Alta Fidelidad). Y es que su devoción por la música se despertó a edad temprana. También su pasión por la filosofía y la literatura, temas que se plasmarían en sus composiciones. Entre sus autores de cabecera, William Burroughs, Wilde, Poe, Kafka, Ted Hughes, Thom Gunn, Chaucer o Dostoievski.

Sea como fuere, la realidad  que con la perspectiva contemplamos es un joven sensible con demasiados estímulos estresantes a los que enfrentarse.

El éxito del primer éxito les llevó de escenario en escenario, a una mini gira por Europa, y un adelanto (solo para conciertos) de su siguiente LP, el que sería su tema más conocido, Love will tear us apart, una muestra poco representativa de sus sonidos (sin despreciar esta joya, ¡los hados nos libren!). De esa gira se lanzó un disco limitado que incluía los temas Dead Souls, canción con la que a Curtis le gustaba comenzar los conciertos (e inspirada en la obra homónima de otro de sus autores fetiche, Nikolái Gógol) y Atmosphere.

En Marzo graban en 13 días el material de su siguiente álbum, Closer, mientras la enfermedad de Curtis empeoraba. El 2 de mayo ofrecen el que será su último concierto, en Birmingham, tocando por primera vez Ceremony (posteriomente incluida en el recopilatorio de 1988 Still y lanzada como primer single de la nueva formación sin Curtis, New Order).

En vísperas de salir de gira hacia Estados Unidos sucedió el episodio que acabó con el cantante y Joy Division. Sobre sus intenciones sentimentales, nadie sabe a ciencia cierta qué pretendía hacer. Habló con su amante, a la que había prometido que dejaría a su mujer, aunque ella misma dijo que no le quedó claro en la conversación. Y después con su mujer, a quien le pidió que parara los trámites de divorcio.

Más allá del morbo que pudiera despertar el disco por el reciente y dramático fallecimiento de su frontman, había razones más que objetivas para su encumbramiento como obra maestra. Con Closer (1980) Curtis metía el dedo en la llaga de la desesperanza de la condición humana. Para enfatizar aun más, si cabía, su de voz de barítono, grabaron el álbum bajo una bóveda de estuco, con un peso específico en el sonido de los sintetizadores. La portada, que corresponde a la tumba de la familia Appiani (Génova) parecía ser profética de lo que se avecinaba.

De entre ellas, por hacer una selección, tenemos The Eternal, probablemente su canción más triste, sobre la muerte de los seres queridos, Twenty four hours, sobre la búsqueda del sentido de la via, con todo el protagonismo para la batería y el bajo, Isolation o Passover.

Enterrado Curtis en su ciudad natal, Love will tears us apart es el epitafio que aparece en su tumba por orden de su viuda tras ser robado el original en 2008. Un gesto que nos parece generoso, puesto que el tema lo escribió pensando en ella y no salía precisamente bien parada. En 2002 NME la escogió como el mejor sencillo de todos los tiempos.

Fue la propia Deborah Curtis quien escribió la biografía Touching from a distance (1995) en el que se basó la película Control (2007) de Anton Corbijn, fotógrafo y director de algunos videos de la banda, quien llegó a hipotecar su casa para poder llevar a cabo el proyecto y que obtuvo a cambio, entre otros, dos premios (mejor director y película) en los British Independent Film Awards.

Como hemos comentado, el terceto restante decidió que como Joy Division era imposible seguir sin Curtis, creando New Order, un grupo que ha conseguido una sólido trayectoria que llega hasta la actualidad.

Como colofón, aunque podríamos escoger cualquier tema sin temor a equivocarnos, nos decantamos por el primer single lanzado por los británicos, ese compuesto democráticamente entre todos sus miembros, Disorder. Disfruten.

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Concha Gallén

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