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DESNUDANDO LA MÚSICA: Todos contra Trump

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A lo largo de décadas han sido multitud los artistas que han utilizado la música como vehículo de protesta y/o reivindicación, como lenguaje universal a través del que hacer llegar sus mensajes, luchas y demandas. También son enormes las listas de músicos que se han querellado o protestado de forma pública contra quien ha utilizado sus temas para proclamas que nada tenían que ver con su contenido o ideología. Pero si hay alguien que especialmente ha unido al gremio musical de un modo casi unánime éste ha sido el recién investido presidente de Estados Unidos (aunque ya nos pareca una eternidad el tiempo que lleva ejerciendo su cargo). Sobre sus detractores y sus porqués trata hoy nuestro artículo semanal.

Este republicano atípico (nos gustaría poder afirmar humano atípico) comenzó a despertar fobias en dos sentidos, aunque ambos convergentes (en la mayoría de los casos). Por un lado, por utilizar canciones sin permiso y desde luego, en las antípodas de la ideología de sus artífices, y por otro, por su discurso en sí, donde cabe el desprecio a prácticamente cualquier modo de tolerancia hacia el diferente y/o grupo minoritario: inmigrantes, mujeres, homosexuales y, en general, hacia cualquier raza que no sea la aria..

Las primeras voces discordantes se comenzaron a oír cuando sus éxitos sonaron en mítines del republicano. Y es que, según la ley estadounidense, técnicamente, se da carta blanca a los políticos para usar en sus mítines de campaña música grabada, pero siempre que el lugar del acto tenga licencia de alguna de las asociaciones de compositores del país, y ahí es donde se pudieron aferrar algunos artistas. También hay margen para las protestas de un artista si cree que su reputación o imagen pueden ser dañadas por el uso reiterado de una canción sin su expreso permiso. A esto se agarraron el resto.

Unos de los primeros en mandarle a la mierda, literalmente, fue Michael Stipe, frontman de REM, cuando el líder osó utilizar It’s the end of the world as we know it como himno de su campaña. El bajista Mike Mills añadió una serie de tweets entre los que le llamaba payaso naranja.

Otro tema que utilizó en su campaña fue la multirradiada We’re not gonna take it de los Twisted Sister, quienes en un primer momento apoyaron su campaña y, por tanto, permitieron el uso del tema. Poco tiempo pasó hasta que Dee Snider, atónito, retiró su apoyo cuando modificó su percepción de rebeldía de Trump al oír sus misivas sobre el muro y los musulmanes. Ante ello llamó al entonces aspirante y le pidió que no volviera a utilizar su música. El tema se zanjó con un comentario público sobre la campaña presidencial: La situación es horrible. Tenemos a la persona más despreciada de la historia frente a la segunda persona más despreciada (en relación a Hillary).

Seguimos con usos no autorizados de canciones. Steven Tyler puso a su maquinaria de abogados a trabajar en un comunicado en el que se explicitaban la no autorización del tema Dream on de Aerosmith. Lo tuvo que hacer en dos ocasiones, puesto que el aspirante a la presidencia hizo caso omiso a la petición formal que le hicieron los letrados del cantante dos meses antes después de sonar el tema en un mitin en Alabama. Para  lo que grita, parece que hizo oídos sordos…

Igual ocurrió con  Neil Young, que harto de escuchar su tema Rockin’ in the free world en sus mitines electorales estalló desde el escenario de uno de sus conciertos contra el que sería futuro presidente con un contundente Fuck you, Donald Trump. El magnate contraatacó mostrando una imagen sonriente de él mismo con Young en su oficina ypor la que le tildaba de hipócrita. La instantánea, según explicó el canadiense, fue tomada como parte de un proceso de presentación de su formato de audio Pono ante posibles inversores, mucho antes de la presentación de Trump a la campaña electoral, o sea que nada tenía que ver con un posible apoyo del cantante, en las antípodas ideológicas del presidente.

Igual o más furibundo se mostró el rapero Everlast cuando el millonario utilizó la canción de su antiguo grupo House of Pain, Jump around en sus discursos. Además de tildarle de racista, ignorante y, en general, de pedazo de mierda, manifestó un anhelado deseo por arrancarle el peluquín.

Canciones de Adele como Rolling in the deep o Skyfall han sido parte de las reproducciones usuales de Trump, algo que airó mucho a la británica, que se desmarcó inmediatamente del norteamericano, saliendo su representante a explicar que no había dado su permiso para que se utilizara su música en ninguna campaña política. Es más, al enterarse en pleno concierto en Texas del resultado electoral, rompió a llorar y abandonó la mansión de Beverly Hills donde vivía con su hijo de tres años al considerar que no se sentía segura viviendo en un país gobernado por el empresario y retornó a su Inglaterra natal.

Otro británico, Elton John, tuvo que desmentir las afirmaciones que hizo un miembro del equipo de Trump ante la BBC en las que afirmaba que actuaría en la ceremonia de investidura. El consejo de que se lo pidiera a alguna maldita estrella del country muestra también algún resquemor ante este género musical…

Cuando el origen de tu música ha sido el blues, como el caso de The Rolling Stones, y esta música proviene de los afroamericanos, es coherente que te manifiestes en contra de un tipo que habla de la superioridad blanca. Sus satánicas majestades lo tenían claro: Ni You Can’t Always Get What You Want ni Start Me Up ni ninguna otra, y solicitaban que cesaran su uso de inmediato, al considerar que su imagen podía resultar dañada al ser unida a los mensajes del republicano.

El dúo de hermanos componentes de White Stripes emitieron un comunicado manifestando su enfado ante la utilización, de nuevo sin permiso, de su tema Seven Nation Army. Su venganza fue imaginativa. Modificando el título de su canción Icky Thump, imprimieron camisetas roja con el lema Icky Trump (Trump repulsivo), que pusieron a la venta en la tienda de su sello musical. Por cierto, se vendieron como churros.

Al margen del uso de sus temas, muchos músicos no se han mantenido neutrales y se han pronunciado públicamente sobre Donald Trump.

Miley Cyrus ha sido una de las más enconadas enemigas públicas de Trump durante su campaña. Llegó a amenazar con irse a vivir a Australia si salía elegido y a tacharle de pesadilla. Y es que, a todo lo añadido hasta ahora se une la crueldad que, según la intérprete, el empresario muestra hacia los animales, una de las causas con la que más fiereza ella defiende.

Su amiga Madonna no se quedó atrás. Por el cumpleaños de uno de sus hijos, de 11 años de edad, le obsequió con una piñata con la cara del aspirante. En una gala benéfica le llamó tóxico y en Madison Square Garden prometió felaciones gratis a todo aquel que votara a Hillary Clinton.

Billly Joel Armstrong, cantante de Green Day hizo las siguientes declaraciones: El es como el maldito Hitler, usando tácticas del miedo contra las minorías, como musulmanes, mexicanos y afroamericanos. Podría haber guerras raciales.

Roger Waters fue más escueto: Trump es un cerdo. Bruce Springsteen, que apoyó la campaña de Clinton, declaró que Estados Unidos es una nación de inmigrantes y esto es antidemocrático y no estadounidense (…). Mi banda y yo también formamos parte de la nueva resistencia americana.

El líder de U2, Bono, afirmó que Donald Trump es potencialmente la peor idea que jamás le haya pasado a América. 

Tampoco se han mantenido al margen artistas latinos, al ser su comunidad una de las más vapuleadas por el republicano. Ricky Martin comentó que le hervía la sangre al ver como el magnate continuaba acosando gratuitamente a la comunidad latina, mientras Shakira calificó de racista y odioso el discurso de lanzamiento de su campaña electoral, algo que ha corroborado en declaraciones posteriores. Hace escasos días publicó una carta en la revista Time en contra del veto musulmán del reciente gobierno y pide una llamada a la ciudadanía de Estados Unidos para ayudar a quienes necesitan protección.

Juanes comentó que Trump como presidente sería la cosa más loca del mundo y Maná llegó a afirmar: sin el voto de los latinos, usted no ganará las elecciones. Es decir, será más fácil que usted llegue al Sol que a la presidencia de los Estados Unidos. Como videntes no tienen precio, pero más nos preocupa qué opinión tendrán ahora de toda la comunidad latina que le ha apoyado en las urnas…

El 10 de octubre del pasado año comenzó una iniciativa denominada 30 days, 30 songs, en el que cada día hasta el de las votaciones se estrenaba la canción de un artista en contra del republicano. En el texto de la campaña se puede leer: Como artistas estamos unidos en nuestro deseo de hablar en contra de la campaña de ignorancia, de división y de odio de Donald Trump. Al mismo tiempo pedían el voto para su oponente, Hillary Clinton. A este proyecto se sumaron artistas de la talla de Franz Ferdinand, Death Cab for Cutie, R.EM., Moby, Lila Downs,  Jim James, My Morning Jackets, Aimee Mann, etc. El proyecto tuvo que renombrarse por 30 days, 50 songs por la cantidad de músicos que quisieron adherirse.

Pocos días después, el 18 de octubre, en un lugar simbólico, la frontera entre Estados Unidos y México, artistas latinos ofrecían un concierto de tres horas que manifestaba su oposición a los comentarios racistas contra mexicanos y latinos en general y su intención de levantar un muro. Entre los músicos que actuaron, Los Tigres del Norte, Miguel Bosé, Juanes, Alejandro Sanz, Carlos Vives, Julieta Venegas o Jorge Drexler.

Ya tras la su elección  y coincidiendo con el día de su  investidura, en la denominada Marcha de las Mujeres, en Washington, participaron cantantes como Rihanna, Lady Gaga, Ariana Grande, Madonna, Katy Perry o Cher.

Este Trump ni siquiera es bueno para la dieta. Las últimas declaraciones que han sido vertidas sobre él provenientes del mundo musical las realizó ayer mismo Barbra Streisand. Después de la elección del empresario como presidente y ante las acusaciones que este ha vertido este fin de semana contra Obama por un supuesto pinchazo de teléfonos ha advertido que tras cada disgusto lo único que la calma es comer tortitas repletas de sirope de arce, así que ya sabemos a quien acusar de sus kilos de más. Trump parece ser perjudical hasta para el colesterol.

Para terminar, cóo no, lo hacemos con la lista de reproducción original del proyecto 30 days, 30 songs, iniciativa representativa del tándem musica-compromiso político social. Disfrútenla en bucle.

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Concha Gallén 

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