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DESNUDANDO LA MÚSICA: Ella Fitzgerald, la primera gran dama de la música

Ella Fitzgerald

El jazz no es un estilo musical fácil, si bien sus adeptos son legión y de una fidelidad admirable. Aun para los los neófitos o quienes no nos sentimos particularmente atraídos por él, reconocemos que hay que rendirse ante figuras que por méritos propios ya forman parte de la historia estelar de la música. Una de ellas es sin duda Ella Fitzgerald. Nos adelantamos un año a su centenario y en el día en que hubiera cumplido 99 primaveras y casi a los 20 años de su fallecimiento, le dedicamos nuestro sincero homenaje.

Nacida en 1917 en Virginia pero criada en Nueva York, creció marcada por la ausencia y el abandono. Su padre desapareció del hogar a los dos años y quedó huérfana de madre a los quince, pasando a vivir con su tía. Se ganaba la vida cantando en la calle con su primo, o en locales de dudosa reputación, como vigilante de un prostíbulo o en un local regentado por la Mafia. Tras una incursión policial, la envían a un hospicio para negros en el Bronx, pero al estar completo recala en un reformatorio, de donde escapará al poco. Durante dos años prácticamente malvive en la calle hasta que se presenta al famoso concurso de talentos organizado por el teatro Apollo del Harlem (el Got Talent de la época), ganando el certamen. No es raro teniendo en cuenta que poseía la extraña cualidad de poseer una escala vocal de tres octavas. Allí es descubierta y contratada para actuar en la famosa orquesta de Chick Webb, que por entonces competía en una batalla de bandas con otras insignes como la de Benny Goodman o Count Basie.

Corre el año 1935, y Ella, tímida e insegura, no tiene ninguna prisa por hacer despegar su talento en solitario, sintiéndose arropada por el calor de la orquesta. El repertorio de la banda se amplía con canciones en las que su cantante da muestras de su capacidad vocal, como su versión de A tisket a tasket, una famosa nana del siglo XIX que será su primer éxito (consigue vender un millón de copias en 1938). Cuando Webb fallece un año después, la cantante queda al frente de la banda hasta 1942, año en que emprende su carrera como solista, aunque ya había lanzado su primer álbum My Wubba Dolly (1939). Durante unos años en sus actuaciones se acompaña de la banda de Dizzy Gillespie y posteriormente con el trío del que forma parte su segundo marido, el bajista Ray Brown. Previamente había estado casada con Benjamin Kornegay, un camello con amplio historial delictivo, por lo que consiguió la nulidad matrimonial de una unión de apenas dos o tres años. Divorciada del segundo cónyuge, Ella nunca consiguió la estabilidad familiar que deseó tener.

Quiso la suerte de que en 1955 comenzará a dirigir su carrera el mánager Norman Granz, considerado el mejor productor del jazz que ha existido, dispuesto a dar a conocer esta música por todo el mundo y a utilizarla como arma contra la segregación racial. Consigue el hito de recrear en teatros las jam sessions de los clubs de jazz. Con él recorre el mundo en las denominadas J.A.T.P. (Jazz at the Philarmonic). En 1960 graba su primer álbum en Berlín, denominado Mack The Knife Ella in Berlin, que será de los más aclamados de su carrera. Tras pasar por otras discográficas, volvió a grabar con Granz el resto de sus álbumes a partir de la década de los ’70 en su nuevo sello, Pablo Records, en honor a la admiración que sentía por el pintor malagueño, y que acabó en amistad. De hecho, el logotipo de la discográfica fue diseñado por el español, quien también realizó una litografía  de Lady Ella.

Su discografía es tan extensa (más de 200 álbumes y 2000 canciones) que es ardua tarea hacer una buena selección cronológica. Entre 1945-1947 son famosas sus grabaciones de temas como Oh Lady be Good, How High the Moon o Flying Home. Aplaudidísimos son sus famosos songbooks en los que interpreta canciones de otros sublimes artistas como Ella Fitzgerald Sings the Cole Porter Songbook (1956), Ella Fitzgerald Sings the Duke Ellington Songbook (1957) o Ella Fitzgerald Sings the George and Ira Gershwin Songbook (1959). En 1958 ve la luz Ella&Louis, en el que dos monstruos como Fitzgerald y Armstrong cantarían a dúo temas del ya mencionado Gershwin entre otros.

Nunca fue una cantante de jazz al uso. Comenzó entonando música ligera y swing y entre su eclecticismo tocó palos como blues, gospel, calypso o bossanova. Logró cantar con los mejores de la época: Frank Sinatra, Duke Ellington, Count Basie, Cole Porter o el mencionado Louis Armstrong. Fue la reina del scat, una técnica de improvisación vocal llena de onomatopeyas y vocales que no significan nada siguiendo el ritmo melódico, popularizado por Armstrong en el que ella reinó, junto con Sara Vaughan.

Fitzgerald no agradó a todos. Frente al dramatismo y desgarro de grandes del jazz, se le criticaba cierta ligereza y falta de sentimentalismo a la hora de cantar, una pureza sin fisuras. También difería en sus vicios. A diferencia de su máxima rival, Billie Holiday, y otros representantes del jazz, el alcohol y las drogas estaban excluidos de su vida. Su única adicción fueron los dulces, un veneno mortal para una diabética y que le pasaría una terrible factura.

En 1986 fue operada a corazón abierto, y aun así volvió a los escenarios. Poco después, a causa de la diabetes quedó ciega y le tuvieron que amputar ambas piernas. Cuando falleció en 1996 llevaba ya tres años recluida en su casa, alejada de los escenarios que le hacían sentir viva.

Fitzgerald poseía una humildad que la situaba muy alejada de las divas de la música. Por poner un ejemplo, sus peticiones para el camerino eran una botella de agua; opinaba que solo los que quieren darse importancia hacen peticiones extravagantes.

Su legado, como ya hemos mencionado, es impresionante en discos, canciones, éxitos o premios (entre los que se encuentran 13 Grammy y varios Doctora Honoris Causa) y su lucha contra la pobreza infantil y la segregación.

No podemos resistirnos a terminar el post con una deliciosa canción interpretada junto a Armstrong, la famosa Cheek to Cheek, compuesta por Irving Berlin en 1935, popularizada por la película Sombrero de Copa (y más recientemente en La milla verde), que en sus voces suena a gloria. Disfruten.

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Concha Gallén

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