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Hasta siempre Gran Duque

Bowie

Seguimos aun en estado de shock tras despertarnos con el fallecimiento de David Bowie. Una lucha contra el cáncer, vivida en total privacidad, se lleva al Duque Blanco, al padre del glam rock, y a uno de los músicos más Grandes, en mayúsculas, de todos los tiempos a la edad de 69 años.

Recién salido del horno tenemos en nuestras manos ★ (pronunciado Blackstar), un álbum experimental con el que nos frotabamos las manos la semana pasada, publicado el pasado jueves, sin saber que iba a ser su legado póstumo. Examinamos minuciosamente la letra de la canción que da nombre el disco y no sabemos si, condicionados por su muerte, nos parece una última declaración de intenciones. Casi diez minutos de canción en la que, el hombre de las mil caras podría estar contemplando su propio final y analizando su existencia. Amárgamente y bajo capas de brumosa experimentación musical recita: On the day of execution (…) at the centre of it all, your eyes. Something happened on the day he died (…). I can’t answer why (I’m a blackstar),  just go with me (I’m not a filmstar), I’m-a take you home (I’m a blackstar), take your passport and shoes (I’m not a popstar), and your sedatives, boo (I’m a blackstar), you’re a flash in the pan (I’m not a marvel star), I’m the Great I Am (I’m a blackstar).

Al margen de su último trabajo, la trayectoria del Duque es larga y alargada, más que eso, es tridimensional, un genio siempre enigmático y sorprendente, que ha escapado siempre de cualquier tipo de clasificación en todas sus facetas, tanto artísticas como personales. Músico, actor, productor teatral, gay, bisexual y heterosexual (según sus propias palabras). Provocador nato, no quiso ser abanderado de ningún movimiento (excepto de la Asociación contra el maltrato a los hombres de pelo largo), sino vivir sin prejuicios su vida sexual, al igual que el resto, rebosante de excesos. En boca de todos, incluso hoy en día, sus orgías y más que amistades con Lou Reed y Mick Jagger. Excesos que se frenaron abruptamente tras su matrimonio con Imán en 1992 (casi consiguen llegar a las bodas de plata) y, sobre todo, con el nacimiento de su hija Alexandria. A partir de entonces su prioridad fue ser un padre responsable.

Para la posteridad, álbumes imprescindibles como Space Oddity (1969), Hunky Dory (1971), The rise and fall of Ziggy Stardust and The Spiders from Mars (1972), Aladdin Sane (1973), Low (1977) o Heroes (1977) entre muchísimos, un abanico de estilos musicales casi inabarcable e influencia ilimitada en varias generaciones.

Desde Velvety sentimos la pérdida como si de un familiar se tratase ya que sus canciones nos han ayudado a amar la música mas aun si cabe y dedicaremos toda la semana a homenajear su carrera y sus canciones. Hoy nos quedamos con Life on mars, una de nuestras referencias ineludibles para momentos melancólicos. Nos gusta la definición que hizo la BBC de este tema inmortal, un cruce entre un musical de Broadway y un cuadro de Salvador Dalí. Lo que sin duda nos parece es uno de los momentos más emocionantes en la historia del rock y una canción para enmarcar y venerar cada día. Hasta siempre David!.

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CONCHA GALLÉN / CÉSAR ALONSO

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