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DESNUDANDO LA MÚSICA: Chuck Berry, el catalizador del rock.

Chuck Berry

89 años y un día. No es una condena. Es el regalo que los hados concedieron a la música poniendo en la tierra al, probablemente, mayor inspirador y transformador del panorama musical del siglo XX. Sin riesgo de equivocarnos, podemos afirmar que el irrepetible Chuck Berry, estando aún vivo, se encuentra en el Olimpo de los grandes artistas en general y guitarristas en particular de todo los tiempos.  

Nacido a orillas del Mississippi, sus comienzos no eran  nada prometedores, teniendo en cuenta que sus huesos dieron en la cárcel por un robo a mano armada siendo menor de edad, pasando tres años de los diez iniciales en un reformatorio (problemas con la ley que se repetirían a lo largo de su vida). Tras salir y enderezarse trabajando como carpintero y peluquero, comienza a tocar en clubs con el Sir John’s Trio, que debido al carisma y talento de su guitarra y cantante pronto derivó en el Chuck Berry Combo.

La entrada triunfal surge de modo casual, cuando en un viaje a Chicago para ver a su ídolo, Muddy Waters, consigue convencerle para tocar con él un par de canciones. Impresionado, Muddy le recomienda que visite la discográfica Chess, con la que lanza el single Maybellene, irrumpiendo abruptamente en las listas y emisoras de radio de todo el país. Corre el año 1955 y las giras a partir de este momento no cesan. Canciones como Roll Over Bethoveen le mantienen en lo más alto y en el 57 firma su primer disco de estudio, After School Session, al tiempo que participa como actor en películas como Rock, Rock, Rock y Go, Go, Go.

Le siguen álbumes como One dozen berrys en el 58 (arrasa con Sweet Little Sixteen) y  Chuck Berry is on top (1959) en el que aparece su sencillo Johnny B Goode, su mayor éxito y una de las canciones más versionadas de la historia (considerada por las revistas especializadas como la sexta mejor canción de todos los tiempos y la mejor de guitarra).

Con fama de codicioso e incluso tacaño (viniendo de una familia pobre, diríamos también que ahorrador), supo invertir con éxito sus ganancias, y con la ayuda de quien sería su secretaria personal (y para mucho su verdadero amor, aunque platónico), Francine Gillium, crean la Chuck Berry Music Inc., desde donde se gestionan todas las finanzas del cantante y se diversifican sus negocios en restaurantes y clubes.

Y ese mismo año, llega un nuevo problema con la ley. Acusado de trata de blancas al llevar ilegalmente a una menor a uno de sus night clubs donde practica la prostitución (además de mantener relaciones con el cantante), Chuck es declarado culpable y pasa los siguientes tres años en la cárcel. Cuando sale de allí, se encuentra, no solo con que su figura no se ha olvidado, sino que se ha revalorizado gracias a grupos como The Beatles y The Rolling Stones quienes, a falta de repertorio propio se adueñan de las canciones del artista para actuar ante su primer público. Camaleónico, Chuck se adapta a los nuevos tiempos y sigue lanzando éxitos, como Nadine  o You never can tell, publicadas en el álbum St. Louis to Liverpool (1964), o la polémica My-ding-a-ling (1970), oda a la masturbación, que, curiosamente, se convertirá en el único número 1 del artista en la lista de ventas de Billboard.

Volverá a la cárcel de nuevo en 1979 por evasión de impuestos y llegará a un acuerdo con el Estado para no volver a ingresar, esta vez en 1990 por colocar cámaras en los baños de su restaurante y posesión de marihuana en su domicilio.  

Sus canciones generacionales de la década de los ‘50, su guitarra afilada y sonidos y ritmos eléctricos le llevaron a lo más alto. Y siendo negro (qué no hubiera conseguido de ser un blanco de clase media…). De carácter duro, según cuentan algunos colaboradores, no intentaba establecer relaciones de calidez con ellos. Su estrofa repetitiva era solo tienes que mirar mi pie. Cuando lo levante, prepárate. Cuando lo apoye, si estabas  en silencio toca, y si estabas tocando, para. Mucho se ha hablado de la transformación de su carácter fruto de sus periodos carcelarios.

Bandas y cantantes icónicos como The Beatles, The Rolling Stones, Led Zeppelin, Jimi Hendrix, AC/DC, The Animals o David Bowie, absorbieron una influencia que siempre reconocieron y sin la cual el mundo de la música hubiera discurrido por otros derroteros. Bob Dylan reconoce haber plagiado el Too much monkey business en Subterranean Homesick Blues. Hasta los Beach Boys fueron obligados a incluir en los créditos de su gran éxito Surfin’ USA a Berry, tras una sentencia en la que reconocía la base de la canción Sweet Little Sixteen (calcada).

Muchos son los himnos que podemos saborear. Aun siendo obvios, degustaremos una de las mejores canciones de la historia de la música, Johnny B. Goode, dedicada a su pianista, Johnny Johnson. Disfruten.

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Concha Gallén

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