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DESNUDANDO LA MÚSICA: Antonio Flores, un poeta truncado

antonio flores

El 30 de mayo de 1995 se hallaba en su casa el cadáver del cantautor Antonio Flores. En estos 20 años transcurridos desde entonces se ha reconocido su talento en todo su esplendor, al margen de la vorágine de la estirpe familiar y de sus adicciones. Solo sus letras van unidas ahora al nombre de uno de los poetas de la canción pop rock española que se apeó del camino con tan solo 33 años.

Nació con la fama a cuestas. Su padre, Antonio “El Pescaílla” fue uno de los estandartes de la rumba catalana, que vivió su talento a la sombra de su mujer, Lola Flores, probablemente la representante más carismática de la canción española, más por su fuerza en el escenario que por su voz. Criado en un ambiente artístico, sus pinitos en el cine comenzaron antes que en la música, y de hecho siguió actuando toda su vida. Pero su pasión fue la música, componiendo e interpretando sus propios temas. Tras un inicio exitoso con la balada No dudaría, de su álbum debut Antonio (1980), los dos siguientes fueron acogidos con una frialdad que no merecían, que solo su fin trágico y el paso del tiempo se han encargado de poner en su sitio.

Irónicamente, fue a la sombra de su hermana pequeña, Rosario, cuando obtiene mayor proyección, tras componer las canciones de su dos primeros discos De Ley (19912) y Siento (1993) éxitos de ventas y crítica.

Es entonces cuando Antonio decide sacar nuevo álbum Cosas mías (1994) y, por fin obtiene el reconocimiento al conseguir ser disco de oro.

Por desgracia, su vida personal paralelamente se va desarrollando por aguas turbulentas. Fracasa su matrimonio (del que nació su única hija, Alba) y comienzan sus excesos con las drogas y el alcohol. Fuertemente unido a su madre, por mediación de ella llegan sus ingresos en clínicas de desintoxicación. La muerte de Lola supone el golpe mortal. Y es que el lazo con ella era de todos conocidos. Incluso compuso a su hermana Rosario una canción, Mía mama, cuyos párrafos sonaban incestuosos. Sumido en el dolor más absoluto, solo la sobrevive quince días. Lo accidental o intencional de su sobredosis queda en en aire.

Deja para la posteridad letras de una lírica y sensibilidad entrañable: Yo quiero atrasar el reloj (Cuando la palabra amor se tenga que comprar verás llorar a un robot lágrimas de metal), Cuerpo de Mujer (El garabato de un niño es tu cuerpo de mujer, rectas, curvas, curvas, rectas imposibles de aprender), Alba (Tan bonita, tan morena, tan gitana como era, la flor que siempre quise en mi jardín), No dudaría (Si pudiera sembrar los campos que arrasé, si pudiera devolver la paz que quité, no dudaría en volver a reír)…

Escogemos para deleitar el post su canción 7 vidas, una declaración de intenciones que, por desgracia, no pudo llevarse a cabo. Tranquila mi vida, he roto con el pasado, mil caricias pa’ decirte que siete vidas tiene un gato, seis vidas ya he quemado y esta última la quiero vivir a tu lado.

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Concha Gallén. Psicóloga&Coach

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