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DESNUDANDO LA MÚSICA: Studio 54, más que un club

Studio54

Ni tres años transcurrieron desde la apertura hasta el cierre de una discoteca neoyorkina, pero no se precisó más tiempo para hacer de este club el más famoso que probablemente haya existido en todo el mundo. Sus razones, más allá de ser el emblema de la música disco, otras bien conocidas: sexo, drogas, fama, glamour, la apertura a la homosexualidad… Como decían en la época, no eras nada si no te dejabas ver por allí. Recordamos la efímera y mítica historia de Studio 54.

Situado en el barrio más exclusivo de NY, Manhattan, el local había sido durante años estudio de televisión de la cadena CBS, hasta que pasó a manos de dos personajes bien distintos, Ian Schrager y Steve Rubell.

Rubell provenía de un oficio bien distinto, como ex integrante de la Guardia Nacional y el servicio de inteligencia militar. Debió de darse cuenta de que la austeridad y seguir las reglas no eran lo suyo. Junto con Schrager decidió crear el club más famoso que pudiera existir. Y lo consiguieron. Rubell era cada noche el gorila de la discoteca, el que elegía de forma aleatoria y despótica, como muestra de su poder, quién entraba y quién no en aquel selecto club.  Alternaba las caras famosas y cantantes nº 1 de la época con jóvenes desconocidos, hambrientos de fama y dispuestos a cualquier cosa por conseguirla.

En la inauguración se quedaron fuera famosos de la talla de Lizza Minelli o Frank Sinatra. Rubell no dudaba en negar el acceso a caras conocidas por puro capricho personal, como ocurrió con Woody Allen o Cher (que se retiró entre lágrimas). Las celebridades se morían por entrar y Rubell, con su dedo indicador, ostentaba la gloria momentánea de decidir quien formaría cada noche el elenco de sus fiestas inigualables (sería precisamente su exceso de vanidad el que daría al traste con el negocio). Entre los habituales, Andy Warhol, Truman Capote, Elizabeth Taylor, Al Pacino, Farrah Fawcett, Silvester Stallone, Margaux Heminway, Yves Saint Laurent

De las fiestas más memorables fue la celebración del cumpleaños de la por entonces esposa de Mick Jagger, Bianca, que entró en el local a lomos de un caballo blanco y rodeada de efebos con un vestido semitransparente…

La divisa del local siempre fue el desenfreno y los excesos, a la vista de todos. En plena pista se encontraba una enorme luna que esnifaba cocaína con una cuchara (toda una declaración de intenciones). Además de un sótano para fiestas privadas, había laberintos de galerías ocultas (solo para gente VIP), mientras que en los balcones de la primera planta se practicaba sexo sin ningún pudor. Completaba la escena la fiebre de la música disco, con los mejores DJ’s  y actuaciones en directo de la crema y nata del panorama musical, todo aderezado por el atrezzo de bailarines, drag queens y camareros ligeros de ropa.

Pero las fanfarronadas de Steve Rubell le iban a pasar factura. Él mismo se puso en el punto de mira de la justicia, tras jactarse de haber ganado en solo un año 7 millones de dólares y presumir de que solo la mafía gana más que nosotros. La investigación llevaba a cabo reveló una evasión de impuestos que superaba los más de 2,5 millones de dólares. Eso por no hablar de la redada en el club, donde se encontraron empalados miles de dólares y cantidades ingentes de cocaína (incluso dentro de los cuadernos de contabilidad).

Rubell falleció de SIDA con solo 45 años, tras salir de prisión . Su socio corrió mejor suerte: considerado como el inventor de los conceptos de Urban Resort y Hotel as lifestyle, actualmente es propietario de una de las cadenas de hoteles más lujosas del mundo, Ian Schrager Hotels.

Studio 54 fue más que un club, una oda al hedonismo. Sus posteriores reaperturas nunca consiguieron llegar a la altura de aquellos tres primeros años, excepto la segunda (hasta el año 86), a cargo de Mark Fleischman, que el pasado año escribió unas memorias contando jugosas anécdotas de su andadura por la discoteca. Entre ellas habla de la llamada patrulla del amanecer, compuesta entre otros por Robin Williams, Christopher Reeve y Dodi Fayed, que salían en limusina para continuar sus juergas por los after del barrio, el Meatpacking District. Comenta también que tenía entre su personal a una azafata cuya única labor era preparar las rayas de cocaína, perfectamente alineadas para la gente VIP que pasaba a su despacho nada más llegar. Y que un todavía desconocido Alec Baldwin tuvo que abandonar su trabajo de camarero debido a los calentones al que el pobre se veía sometido al observar las orgías que se organizaban cada noche.

Cientos de canciones serían representativas de Studio 54, pero quizá una sea la más relevante por su relación íntima con el club. Los componentes del grupo Chic habían quedado en dicha discoteca con Grace Jones, quien iba a participar en su próximo disco. Sin embargo, al no incluirles en la lista no les permitieron el paso. Con un enorme enfado, compusieron en media hora una canción llamada Fuck off, que, para evitar la censura, modificaron por Le Freak, todo un hit de la época. Disfruten.

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Concha Gallén (Psicóloga & Coach)

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