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DESNUDANDO LA MÚSICA: Perfect Day o la riqueza de las cosas sencillas

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Hoy se cumple el primer aniversario de la muerte de Lou Reed. Nada más lejos de la realidad que hayamos pensado resumir su vida. Celosísimo de su imagen y con una perenne animadversión hacia los periodistas, de carácter difícil y polémico, de todo lo que se cuenta sobre él no sabemos a ciencia cierta qué es verdad y qué es parte del personaje (que él creó y otros aumentaron e inventaron). Probablemente porque se ha dicho de todo. Probablemente porque pocos artistas han sido tan diseccionados a través de sus canciones. También pocos como él han sido tan tremendamente decisivos e influyentes en el mundo del rock.

Pocos datos (para su dilatada y convulsa vida) nos atrevemos a contar sin temor a equivocarnos. Que odiaba a los psiquiatras (bastante comprensible si de adolescente intentan extirpar tus tendencias sexuales a golpe de electroshock), que adoraba la poesía (se licenció en literatura inglesa por la Universidad de Siracusa), que el principal grupo del que formó parte, The Velvet Underground, ha sido una de las bandas rockeras de culto y de mayor influjo sobre otros artistas, tanto futuros como coetáneos; que el tándem Reed-Bowie enriqueció a ambos artistas, y no solo musicalmente…(aunque no faltaron los detractores que le tacharon de plagiador de Bowie); que el consumo de speed y otras drogas le llevaron al límite (tanto fue así que en un concierto se inyectó heroína ante los gritos de muere, muere de sus fanáticos seguidores).

Que aunque adoraba Nueva York, mostró la cara más sucia de la ciudad y fue la voz de los desharrapados e hizo visibles tabúes como la marginación, la prostitución, la transexualidad, el abandono infantil, la depresión o el sucidio; que visitaba con frecuencia España y le subyugaban Cervantes y Lorca (y no por este orden).

Que nadie lo entendió como la polifacética artista Laurie Anderson, su pareja durante más de 20 años y hasta su muerte. En la semana posterior a su fallecimiento, en un periódico local publicó su cariñoso obituario en el que, entre otras cosas, decía de su marido: Lou era un príncipe y un guerrero y sé que sus canciones sobre el dolor y la belleza en el mundo llenarán a muchas personas con la extraordinaria alegría de vivir que él tenía. Larga vida a la belleza que desciende y perdura y que se adentra en todos nosotros.

Esa belleza se mostró en todo su esplendor en la hipnótica Perfect Day. Dado el aura y la leyenda que ha rodeado siempre a Lou Reed, ha estado sujeta a múltiples interpretaciones. Una de las más compartidas es la que apunta a que es un oda a las drogas, algo potenciado con el paso del tiempo, sobre todo desde que apareciera allá por el año 1996 en la banda sonora de Trainspotting, el aplaudido film de Danny Boyle.

Desde VELVETY, aplicando la navaja de Ockham (la explicación correcta es la más sencilla) escogemos la versión más agradable, la de la plenitud a través del disfrute de las cosas diarias. Por dos razones. La primera porque concebimos esta sección como un intento de ser más felices a través de las canciones, y esta se encuentra en la cumbre de las que lo consiguen. Y la segunda, porque Lou Reed siempre fue un artista descarnado, que no dudaba en utilizar la crudeza para describir todos los aspectos de la vida, sin necesidad de metáforas o eufemismos.

No por ello deja de asombrarnos la claridad y lucidez con la que, en una de las épocas más agitadas de su vida, plasma la esencia de la felicidad más allá del pasado y del futuro, de la ambición y del materialismo, simplemente prestando atención al presente y a las cosas que tenemos al lado y que, o nos pasan desapercibidas o somos incapaces de apreciar en su verdadero esplendor. No es difícil imaginarle como sería años después, un maestro de la meditación que exhaló su último aliento practicando tai chi.

Perfect day  representa el objetivo de la meditación (o el más actual concepto mindfullness, la atención plena, conciencia plena, trascender a un estado en el que seamos capaces de parar el flujo continuo de pensamientos, a menudo causa de sufrimiento e infelicidad. Como citaba su adorado Edgar Allan Poe, al que incluso homenajeó versionando su poema más famoso, El cuervo, Tanto me metí en mi cabeza, que acabé por perderla.

Esta canción nos guía hacia lo contrario, a controlar nuestros pensamientos recurrentes y ser conscientes del momento presente, siendo capaces de ver (más allá de mirar) la belleza que encierran las pequeñas cosas, la felicidad que nos pueden otorgar y por ello, los múltiples motivos de gratitud diarios. Just a perfect day, feed animals in the zoo, then later a movie too…and then home. Oh, it’s such a perfect day, and I’m glad I spent it with you.

Al fin y al cabo y parafraseando a otro grande, John Lennon, la vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes. Imposible no estremecernos escuchándola…

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CONCHA GALLÉN (Psicóloga & Coach)

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