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DESNUDANDO LA MÚSICA: Morrissey, Gallagher y el club de los sincericidas

bocazas

 

Los músicos saben que no hay como la composición para dar vida a sus sueños, miedos, reivindicaciones, venganzas y un largo etcétera. Pero también es cierto que para algunos de ellos las canciones se les deben quedar cortas, por lo que no dudan en disparar en cualquier momento o lugar sus pensamientos (u opiniones, porque a tenor de las barbaridades de algunas declaraciones, la acción de pararse a pensar brilla por su ausencia).

El mundo de la música, tan excesivo en todo, nos deleita con grandes boquitas de oro, polémicos e hirientes, que, si bien comparten temáticas recurrentes, tales como arrojar dardos a sus compañeros de profesión o halagar su desmedido ego, no dudan en lanzarse cual kamikaze a opinar sobre cualquier tema que se les pase por la cabeza o se les plantee, para regocijo del periodista de turno. Es lo que en la jerga del coaching se denomina ser un sincericida. Para muestra exponemos unos cuantos botones.

Si hay un sincericida por antonomasia, seria Morrissey, ex componente del grupo The Smiths. A favor de él tenemos que decir (aparte de que nos gusta tanto su música que somos capaces de perdonarle todo) que es un tipo coherente. No se ha desviado de sus valores ni línea de pensamiento ni un ápice en las declaraciones realizadas a lo largo de tantos años. Tampoco de continuar su perpetuo derroche de despropósitos.

Entre algunas de sus múltiples perlas tenemos las siguientes: Es un refugio para deficientes mentales (sobre la música dance); Eso no es nada comparado con lo que sucede en McDonald y Kentucky Fried Sheet (sobre la matanza de 77 personas en Noruega); Deben ser arrastrados a las afueras de una aldea y ser azotados (sobre el matrimonio Beckham); Son pigmeos enanos que escasamente pueden formular un pensamiento (sobre el pueblo británico en general); Tráeme la cabeza de Elton John, ya que sería un caso en el que la carne no sería un asesinato si se sirve en un plato (sin comentarios); Está más cerca de la prostitución organizada que de cualquier otra cosa (sobre Madonna); Huelo a carne quemada. Y rezo a Dios para que sea carne humana (sobre las barbacoas, en el escenario del festival americano de Coachella); Por lo que sé, cualquier idiota puede ser número uno en Estados Unidos… menos yo, Soy una persona extremadamente guapa (evidentemente sobre él mismo).

Otros bocazas por excelencia serían sus colegas (que no amigos, solo se aguantan cordialmente), los hermanos Gallagher, ex Oasis. Tanto Noel como Liam se superan mutuamente en cualquier declaración que hacen. Entre las de Liam podríamos señalar: Los niños pijos no pueden tomar drogas, son peso pluma, se meten una rayita y ya están en rehabilitación (sobre Pete Doherty); Fue un imbécil que no pudo soportar la gloria (sobre el suicidio de Kurt Cobain); ¿Dos hermanos talentosos? ¡Solo hay un hermano talentoso en Oasis! (sobre su hermano Noel); Soy Liam Gallagher y estoy en Oasis. Todo el mundo me envidia y los que no, deberían (sobre su modesta opinión de él mismo)

Pero su hermano Noel le supera en cuanto declaraciones amables se refiere: A diferencia de mis colegas yo no he ido a rehabilitación, putos maricas, La razón por la que no he matado a Liam es porque no quiero ver llorar a nuestra madre, Odio como mierda Glastonbury, hermano. Estoy aqui solo por el dinero (efectivamente, en el escenario de Glastonbury ante fans enfervorizados); Espero que se contagien de sida y mueran (sobre Damon Albarn y Alex James, del grupo Blur).

El rapero Kanye West demuestra que es bastante difícil que su talento pueda superar a su megalomanía cuanto suelta a quien quiera escucharle: ¡Soy Warhol! Soy el artista con más impacto de nuestra generación. Soy Shakespeare encarnado, Walt Disney, Nike, Google. ¿Quién va a ser la familia Medici que apueste por mí y me deje crear más?

La especial sensibilidad atribuida al sexo femenino queda desmentida por ciertas cantantes: la siempre polémica Courtney Love ha manifestado que no eres nadie en la industria del rock a no ser que te hayas peleado conmigo o te hayas acostado con Winona Ryder o Si Kurt (Cobain) volviera, tendría que matarle (sobre su suicida marido). Y la dulce Sinead O’Connor (dejando fuera su acto de romper en directo una fotografía del penúltimo Papa) dijo: Quiero cambiar el mundo pero soy incapaz de cambiarme de ropa interior.

España también tiene a insignes bocazas. Albert Plá ha comentado recientemente: Mataría a los de Podemos y todas las plataformas ciudadanas, ahora que todavía no llevan guardaespaldas es mejor; y Joaquín Sabina es capaz de soltar sin sonrojarse: Plácido Domingo me hace vomitar cuando canta tangos, y a veces, cuando no los canta o Maradona tiene toda mi solidaridad como drogadicto.

Todos ellos, dejado a un lado el margen de duda sobre la parte de marketing que a veces sus declaraciones conllevan, coinciden en el concepto erróneo que tienen de la palabra sinceridad. Según la RAE es la capacidad de expresarse libre de fingimiento. Hasta ahí sin duda pero hay una serie de matices que más que con la conducta en sí estarían relacionados con las consecuencias de esa conducta. Se suelen jactar de decir lo que piensan, pero ¿piensan un poco lo que dicen? ¿Podemos imaginar un mundo en el que todos, todos dijéramos absolutamente todo lo que se nos pasa por la cabeza? Probablemente no, porque las relaciones laborales, familiares, amistosas o amorosas fracasarían estrepitósamente y, por ende, no es difícil imaginar la extinción de la especie en esa selva donde todo valdría. A la hora de decir lo que pensamos no cuenta únicamente el ser coherentes con lo que sentimos, sino elementos igual o más importantes, tales como la empatía, la evitación del dolor innecesario, la renuncia a la divulgación de rumores o chismorreos… y el tener una flexibilidad de pensamiento.

Hay que tener cuidado cuando la extrema vehemencia, a veces agresiva, hace que se diluya el mensaje. Cuando su discurso produce rechazo, o en el otro extremo mofa, los sincericidas acaban representando el papel de bufones o chivos expiatorios perfectos de los que otros se aprovechan para canalizar lo no se atreven a decir (por cobardía o por nefastas consecuencias).

Para acabar, y ya que hemos comenzado con Morrissey, escogemos una canción de su casi recién parido disco World Peace is none of your business y que tiene especial relación con España. Se trata de The Bullfighter dies (El torero muere) y representa su particular (y sincericida) visión sobre las corridas de toros. The bullfighter dies and nobody cries…

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CONCHA GALLÉN (Psicóloga & Coach)

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