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EN DIRECTO: Liturgia de rock&roll español

loquillo

 

Fin de semana de gala en La Riviera madrileña. Loquillo volvió a conquistar la capital con El creyente bajo el brazo y un apabullante poderío rock repartido en dos noches. Nuestra colaboradora Txus Rojas fue testigo de tan eléctrica liturgia y nos lo transmite con grandes dosis de pasión.

 

¡Madrid, aquí me tienes! Así saludaba Loquillo a los miles de creyentes que nos dimos cita en La Riviera el pasado sábado. La historia se repetía 24 horas después, ya que han sido dos días los que el de Barcelona ha dedicado a esta ciudad que tanto ama.
Y la liturgia se cumplió a rajatabla…

El rito de entrada estuvo marcado por la canción que da título a su nuevo disco (El Creyente), seguida por varios temas que sumergían al público de lleno en la liturgia de la palabra: Línea Clara, De vez en cuando y para siempre, Planeta Rock o Sol (exquisita muestra de cómo el sonido del Loco es como la materia: no se crea ni se destruye, se transforma, muta, está en una permanente y maravillosa evolución).

La nave de los locos, El hombre de negro o Memoria de jóvenes airados nos adentraban en el Credo del Hijo de Nadie. En este último tema, Jaime Stinus tomaba posiciones en el centro del escenario y se marcaba uno de esos estratosféricos solos de guitarra que muy pocos pueden hacer. Stinus demuestra un estado de gracia y de evolución que admira hasta a sus propios compañeros. Igor Paskual, Josu García, el mismísimo Loco y los varios miles de almas que estábamos allí nos rendimos ante su virtuosismo en más de una ocasión.

Hasta ese momento había pocas concesiones a la nostalgia. El variopinto público que abarrotaba La Riviera vibraba, pero había un poso de excitación y de deseo de escuchar los clásicos básicos.
En cualquier caso, el Loco ha dejado muy claro que huye de los aquelarres ochenteros, que es absurdo que un tipo de 53 años que a diario se levanta a las 7 de la mañana para acompañar a su hijo al colegio siga jugando a tener 18 años y enfundarse en pantalones de cuero. No es que reniegue del pasado. Muy al contrario. Conoce y reconoce de dónde viene, honra su historia, pero no se regodea en el ayer sino que lo adapta al aquí y ahora, dando vueltas a los tonos, con nuevos arreglos e incluso con cambios en las letras (tu hija no lo dice, pero me mira mal (…) porque tú tienes tu banda de Rock&Roll español: nosotros).

Los guiños, el reconocimiento y el respeto a las referencias clásicas fueron constantes, pero no como un ejercicio de vana nostalgia que impide avanzar, sino como oración de fieles. Hubo referencias implícitas o explícitas a Johnny Cash, a Stranglers, a Johnny Hallyday, a The Clash, al glam (Igor Paskual, camaleónico como pocos, no pierde la ocasión de mostrar su admiración por Marc Bolan o David Bowie, sin olvidar que hay un Brian Setzer corriendo por sus venas) y, cómo no, a los Burning de Pepe Risi y Toño Martín (el viernes se cumplían años de su triste desaparición), con un homenaje de justicia a uno de los referentes del rock madrileño que fue coreado por los fieles ante la atenta mirada de un emocionado Loquillo.

En la segunda hora del concierto llegaba el culmen eucarístico, el rito de comunión con un aforo que también aglutinaba una enorme diversidad generacional en magnífica armonía. Sonaron El Rompeolas, Carne para Linda, El Ritmo del Garaje, La Mataré (himno ineludible afortunadamente recuperado), Rock & Roll Actitud, Rock & Roll Star… La Riviera se convirtió en una olla a presión. La emoción de desató. La energía, los decibelios iban poderosamente in crescendo hasta llegar al éxtasis final con el eterno y mítico Cadillac solitario y una auténtica conexión entre Loquillo, su banda y los feligreses.

Miles de creyentes peregrinamos el viernes y el sábado para gozar con un concierto impecable (eso sí, con algún que otro acople de sonido) de una banda que es un autentico Dream Team. De vez en cuando y para siempre se dan conjunciones casi astrales. Como que se junten media docena de excelentes músicos, llegados de varios puntos de España (y de más allá): seis outsiders (como ellos mismos se definen), con tres décadas de diferencia generacional, cada uno con referencias más que evidentes viendo sus formas de tocar y sus estéticas personales.
Jaime Stinus, Igor Paskual y Laurent Castagnet (que vienen de la última etapa de Trogloditas) y Josu García, Santi Comet y Alfonso Alcalá (como incorporaciones más recientes) forman una banda que, tras varios años trabajando juntos, suenan magníficamente, ensamblan a la perfección y se enriquecen cada día más como grupo y a título personal. Diferentes edades, diferentes orígenes, diferentes influencias que les permiten trabajar registros amplísimos… Juegan bonito y se divierten jugando.

Y un punto de conexión: un auténtico aglutinador de caracteres, un impecable gestor de equipos, un coleccionista de talentos. Un tipo tan feo, fuerte y formal como el mismísimo John Wayne que habla claro y en ocasiones dice y hace cosas políticamente incorrectas, que tan pronto invita a sus fieles a mirarse por dentro como que se presenta, recordando sus orígenes barceloneses con un lapidario sumamos, no restamos o actualiza el himno Rock & Roll Star añadiendo una crítica clara y lapidaria al 21% de IVA del Sr. Wert. Un artista de los pies a la cabeza que, sin perder un gramo de credibilidad y marcando una Línea Clara, pasa del impecable traje negro a la chaqueta de lentejuelas o a lucir brazo y tatuajes…

Pura Rock And Roll Actitud.

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Texto: Txus Rojas

Fotografía: Virginia Sarabia

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