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5 CANCIONES de los Pixies

Esta semana toca liarla. Entre mi devoción por el grupo de Boston y la inminencia de su aparición por tierras españolas, mañana en Madrid, no he podido evitar caer en la tentación de testar a mi entorno pixie5 CANCIONES imprescindibles de uno de los grupos más importantes de la historia del rock, con una influencia ilimitada en centenares de bandas posteriores. Opiniones bien contrastadas pero sobre todo sinceridad y pasión por parte de nuestros selectos colaboradores.

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1. ALEC EIFFEL (Trompe le Monde, 1991)

Alec Eiffel solo dura dos minutos y cincuenta segundos, y en ese tiempo a los Pixies les da tiempo de hacer lo que en realidad son dos canciones maravillosas. La primera, que dura hasta el minuto y diez segundos, es impetuosa y machacona, con coros insistentes y sin estribillo propiamente dicho. Tiene, eso sí, un breve solo de guitarra que parece nacer de manera casi accidental, como si lo sacudiese el viento hasta que por fin toma forma. Y, de pronto, al minuto y diez, entra la cascada de guitarras que introduce la segunda mitad del tema, a la que pronto se suman los teclados mágicos de Eric Drew FeldmanCon un verso absurdo que toma elementos de la letra anterior (oh, Alexander, I see you beneath the archway of aerodynamics) los tíos se fabrican uno de mis pasajes favoritos de la historia del rock, una de esas músicas que parecen irreales de puro bonitas y que no se ajustan a ningún género ni tradición ni expectativa. La vulgaridad no existe en esta canción.

Carlos Benito (Periodista)

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2. DEBASER (Doolittle, 1989)

Quedarse con una única canción de los Pixies es tarea ardua, cuando no imposible. Pero quizá con Debaser me une –o quiero creer- una relación de causa y efecto entre Black Francis y una humilde servidora. La curiosidad que me despertó que un adolescente de Boston se fascinara por un fenómeno como el surrealismo cinematográfico español. Eso y haber sido la inspiración de Kurt Cobain, otro de mis gurús de la época, aunque para muchos el usurpador de la fama que debiera haber alcanzado la banda. La canción, una desgarrada declaración de intenciones acústica y semántica, la concibo como un intento –bastante logrado- de su compositor por converger, evocar y continuar musicalmente con la estela de la total ruptura del arte, en este caso con el rock previo. Degradadora, que no degradante. Aun a riesgo de parecer subyugada por el espíritu Doolittle o quizá poseída por él, los gritos entre eufóricos e irascibles del cantante aludiendo a ojos cortados y a su deseo de convertirse en un perro andaluz me hacen tener la certeza de que, de haberla oído Dalí y Buñuel, hubieran cambiado por un rato la Residencia de Estudiantes por los estudios de Downtown Recorders, lugar donde fue parida.

 Conchi Gallén (Psicóloga coach)

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3. GIGANTIC (Surfer Rosa, 1988)

Gigantic fue el primer single extraído del glorioso Surfer Rosa en 1988, puede que fuese la primera canción que escuché de los Pixies y dejó en mí una huella imborrable. Puede que estemos ante la primera muestra del Quiet/Loud/Quiet que tanto nos impactó a millones de músicos de todo el mundo y que se convirtió en una bandera del grunge pocos años después, ese cambio de unas frases de desarrollo vacío sin guitarras, a unos estribillos atronadores para volver a bajar una y otra vez como una montaña rusa; eso está ahí, Kurt Cobain ya lo copió para sus discos con Nirvana y el resto de mortales seguimos utilizándolo. También recuerdo esa línea de bajo tan sencilla y que ha sido marca de la casa no sólo de los Pixies sino de multitud de bandas adscritas al rock alternativo. Recuerdo enamorarme de la voz de Deal y de disfrutar de los coros a gritos de Francis que tan bien quedaban entrelazados, el muro de guitarras que desemboca en ese mítico desarrollo final y el machacante ritmo de Lovering acentuado por la brutal producción de Steve Albini. He leído que la canción está inspirada en el film Crimes Of The Heart de 1986 y habla de una mujer viendo a otra tener sexo con un hombre negro. La crearon entre Deal y Francis y su éxito sirvió para acrecentar una rivalidad compositiva entre ellos que derivó en odio y en el rechazo por parte de Francis del material de Deal, así como en no dejarle cantar muchas más canciones, cosa que con los años supuso el nacimiento de The Breeders, la disolución de los Pixies y el abandono de Kim Deal de la formación este mismo año.

Es difícil elegir una sola canción de un grupo por el que siento …a big, big love.

Mike Grau (Músico. grupo Mad Robot)

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4. VAMOS (Surfer Rosa, 1988)

A inicios de los 90 yo era un adolescente con una pantufla por cerebro que escuchaba música que se hacía para gente de 40. En mi cuadrilla teníamos gustos musicales heredados de ese hermano mayor de fulanito que tenía 20 discos, música que se había hecho para unos adolescentes de la generación anterior a la que nos correspondía. O ni eso. Pero de repente llegó Nirvana. Esto por sí solo ya nos abrió a unos cuantos el cerebro, o al menos le hizo una buena brecha. Y al poco se montó eso que se llamó Getxo Sound (chavales que se supieron sacudir antes la pantufla) que creo que es lo que arrastró a una generación, al menos en mi zona, a rebuscar más allá de lo que vendían los suplementos dominicales como rock del momento: Bruce Springsteen, Dire Straits, Queen, U2 como súmmum de la modernidad (¿qué locos, eh? Nuestra prensa siempre a la vanguardia). Recuerdo esa época como un frenético intercambio de casettes que traían música fresca, nueva, con sonidos diferentes, hecha por chavales que nos llevaban poca diferencia de edad, que vestían como nosotros, que hacían una música urgente, con ese toque amateur del háztelo tú mismo del punk, del que también tomaban bastante de su sonido. Y especialmente -ESPECIALMENTE- recuerdo cierto día en que íbamos varios amigos en coche -un amigo tenía un autobianchi rojo diminuto-, recuerdo la calle, que era mediodía, que era sábado y que nos paramos en un semáforo y nos daba el sol de frente y justo sonaba una música que no había oído nunca, una voz un tanto chillona de un tipo que hablaba un castellano macarrónico sobre una base sencilla de guitarra acompañada de un repetitivo bombo sobre la que continuaba cantando -ya en inglés, pero intercalando todavía palabras en castellano- y una guitarra loca que se iba trenzando subiendo y bajando como un cuchillo. La cabeza me dio una vuelta completa y salió la pantufla volando para no volver.

vamos

Y todavía hoy cuando oigo esa introducción me acuerdo del momento perfectamente, de mi amigo Santi, que tanta música me descubrió, conduciendo el coche, del sol de frente y del ambiente de la calle a la hora del aperitivo. Cada vez que la escucho se me pone la piel de gallina. Esa canción era Vamos.

Alex Orbe (Ilustrador)

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5. WAVE OF MUTILATION (Doolittle, 1989)

Mi relación con los Pixies es ya de largo recorrido. Los 25 años que han transcurrido desde sus primeros trabajos no hacen sino situarme en ese oasis de excelente música de la que disfrutaba con la mayoría de edad. Sí, los amé a la primera pero también les fui infiel varias veces -cual adolescente ávido de nuevos sonidos- con varias propuestas alternativas que inundaban aquella gloriosa época. Mi enamoramiento definitivo llegó en plenos años 90, apabullado por docenas de nuevas promesas del rock británico, decidí que mi idilio con Black Francis y compañía sería para siempre. Gracias Carlos por esas intensivas escuchas…

La filosofía de los Pixies no deja lugar a dudas: Elimina las cosas estúpidas, corta todo lo que hayas oído antes. Y nada de solos. Si quieres solos, escucha un disco de Mötley Crüe. Sería imposible que pudiera quedarme con una sola de sus canciones pero creo que mi elección para este 5 CANCIONES, Wave of mutilation, define perfectamente las líneas maestras del grupo de Boston, que a su vez fueron las del rock alternativo post Pixie en general. Su autor, Black Francis, dice que la canción trata de empresarios japoneses cometiendo asesinatos-suicidios con sus familias porque han fallado en sus negocios, y saltan de un muelle dentro del océano. Estos temas del mar y el fondo oceánico, que también aparecen en Mr. Grieves y Monkey gone to heaven, son alegorías a la muerte y la destrucción del hombre y forman parte del ecléctico universo de este grupo inclasificable. Difíciles de digerir pero imposibles de obviar. El resultado son dos minutos escasos de canción que pegan con un pié en la boca a cualquier intento de resistencia. Adictiva, pegadiza y extrañamente bella.

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César Alonso (Periodista)

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